La de las canteras de piedra es una historia larga y muy interesante, ya que hablamos de uno de los primeros, si no el primero de todos, elementos constructivos que ha utilizado jamás el hombre. Así, aun en la actualidad se siguen utilizando canteras que ya eran usadas, por ejemplo, por la civilización romana, y son innumerables los casos de canteras medievales que usamos hoy en día.

Precisamente sería la Edad Media uno de los momentos más paradigmáticos en cuanto al uso de las piedras como elemento constructivo. La ordenación de la vida urbana en la baja Edad Media, con la aparición de grandes urbes hasta ahora desconocidas, arrastra a una fiebre constructiva cuyo mejor ejemplo, aunque no el único, son las catedrales. Ello provocó que hubiese una enorme demanda de piedra como elemento constructivo, a la vez que hizo que algunas canteras cuyo producto era especialmente apreciado se convirtieran en auténticos centros de negocio llevando riqueza a los pueblos que las rodeaban y que eran, habitualmente, sus propietarios.

Surgen de igual forma, y al amparo de todo lo anterior, diferentes figuras que van a organizar la administración en el trabajo de las canteras. El ejemplo más conocido de estos cuerpos es el de los francmasones, aunque su fulgor opaca otros de igual interés. En España, por ejemplo, eran bien conocidas las cuadrillas de canteros que provenientes de algunos lugares del norte se pasaban meses en la Meseta prestando servicios especializados para algunas construcciones. Algunas de las más conocidas eran las del Valle de Buelna, en las Asturias de Santillana, o las trasmeranas, también en la actual Cantabria. Éstas tenían una forma de trabajar especificada hasta el último detalle en complejas ordenanzas, que prescribían, por ejemplo, el día a partir del cual las cuadrillas partían a Castilla para empezar a trabajar o la forma en que debían llevarse a cabo los cobros. Tal era su autonomía e importancia (los secretos de su arte eran transmitidos solamente de maestros a aprendices, lo que las convertía en cuerpos muy herméticos) que incluso las de Trasmiera llegaron a desarrollar un rico lenguaje propio, llamado lenguaje pantojo, para poder comunicarse entre sí sin que el patrón supiese de qué hablaban.


Un elemento decorativo de primera calidad.

Hoy en día las canteras de piedra suponen el depositorio de un elemento decorativo muy apreciado en la arquitectura moderna. Y es que la piedra ha dejado de ser considerada solamente un material de calidad para la construcción de muros y paredes para pasar, por ejemplo, a los interiores como aspecto decorativo en ocasiones principal.

De las canteras de piedra se extraen, por ejemplo, piedras con las que podremos decorar de forma elegante y cálida nuestra ducha, o que revestirán el espacio de la chimenea proporcionando un toque agradable, con un punto de deliciosa rusticidad, a nuestro hogar. La enorme variedad de piedras que existen en algunas zonas concretas, como la Maragatería, hace que las posibilidades decorativas en este sentido sean casi infinitas, y abre toda una constelación de ideas para quien quiera tomarlas.

 

Canteras de piedra